CINE 2011 - BALANCE

LOS MEJORES TÍTULOS.
Amilcar Nochetti (Voces)

EL MEJOR.

En un mundo mejor (Dinamarca/Suecia, Susanne Bier): Un film de estructura binaria, con dos historias independientes que a lo largo del relato y gracias a sus protagonistas adolescentes terminan por convertirse en una sola. Por encima del anecdotario surge una pregunta: ¿el ser humano es violento por naturaleza o por contagio social? Honda reflexión sobre el sentido de la venganza, la agresividad contenida y las conflictivas relaciones paterno-filiales, sin manipulaciones ni efectismos dramáticos.

GRANDES FILMS.

Trabajo confidencial (USA, Charles Ferguson): El mejor documental del año desentraña la más grande crisis en la historia de la economía (2008), que dejó millones de desocupados sin vivienda, y a los culpables libres. Libreto excelente, notable labor de montaje y valientes entrevistas que navegan entre la claridad expositiva y una brutal honestidad.

Las cuatro veces (Italia, Michelangelo Frammartino): Pequeña joya ignorada por el gran público, film sin palabras sobre un viejo pastor calabrés, un cabrito recién nacido, un árbol que se tala para una festividad popular y el carbón cuyo humo se confunde con el bosque que transitaron el viejo pastor y su rebaño. El ciclo de la vida entre el registro documental, la ficción y gran dosis de poesía visual.

Pina (Alemania, Wim Wenders): Documental en 3D sobre la bailarina y coreógrafa Pina Bausch. El formato episódico y premeditadamente disperso no narra nada, pero genera sensaciones libérrimas en el público, expandiendo con la danza sus significados más ocultos. Un film sobre el alma del cuerpo.

El encanto del erizo (Francia, Mona Achache): La mejor ópera prima del año. Una niña inteligente, pero deprimida a causa de su disfuncional familia, decide suicidarse el día de su undécimo cumpleaños. El contacto con la portera del edificio donde vive y un vecino japonés le hará repensar su situación. Un retrato penetrante, sensible y humano.

José y Pilar (Portugal, Miguel Gonçalves Mendes): Otro excelente documental, acerca del día a día del escritor José Saramago y su relación sentimental con la periodista Pilar del Río, su última pareja y complemento perfecto, como se ha dicho. Manual de amor e ideales, con frases inteligentes e imborrables, e instancias finales de profunda emoción.

Medianoche en París (USA, Woody Allen): El protagonista visita París y todas las noches a las doce se ve transportado mágicamente a los años de la Generación Perdida. Memorable ejercicio intelectual, con mucho humor e inteligencia, pero también con una encantadora dosis de nostalgia. Embrujadora propuesta, el mejor Allen en muchos años.

Líbano (Israel, Samuel Maoz): Cuatro soldados en el primer día de guerra en 1982. La proeza consiste en narrar la peripecia dentro de un espacio físico único y reducido (el interior de un tanque), transmitiendo la sensación que el soldado no tiene perspectiva de conjunto, ya que ve la guerra sólo por la mirilla del cañón. Impactante alegato pacifista.

Un año más (Gran Bretaña, Mike Leigh): Matrimonio feliz, amigos y parientes, en medio del desaliento y la soledad. Con narración en cuatro partes (las estaciones del año) y método interpretativo librado a la improvisación, Leigh observa con agudeza una serie de complejos comportamientos, ayudado por un elenco que rinde a un alto nivel.

El laberinto (USA, John Cameron Mitchell): El duelo que más duele, el que provoca la accidental muerte de un niño en sus padres, que sobreviven en medio de una angustia atroz. La narración evita los lugares comunes y rescata la individualidad y subjetividad humanas enfrentadas a una tragedia mayor, con adecuada sucesión de luces y sombras y meditada utilización de la cámara.

Blue Valentine (USA, Derek Cianfrance): Historia de una pareja, testigo impotente del contraste entre un pasado feliz y un presente angustiante. A un minucioso registro de la realidad el film suma una dosis de suprema inteligencia narrativa, estética y visual para revelar los contrastes entre el ayer y el hoy de sus dos absorbentes protagonistas.

Incendies (Canadá, Denis Villeneuve): Tragedia griega en ambiente contemporáneo, una travesía entre el amor y la muerte en medio de un conflicto nunca abordado por el cine: la guerra libanesa entre musulmanes y cristianos maronitas, con los palestinos refugiados en los campos como eternos chivos expiatorios de ambos bandos.

Lejano (Turquía, Nuri Bilge Ceylan): Estrenado con nueve años de retraso, el film es la crónica de dos soledades (un fotógrafo solitario y su joven primo) y el testimonio de la imposibilidad de establecer una comunicación real entre ambos personajes. Prolongados silencios y firme apoyo en la imagen, para retratar un universo glacial y estremecedor.

OTRAS CALIDADES.

En orden alfabético, hay que destacar:

Aguas turbulentas (Noruega, Erik Poppe): La muerte de un niño vincula la historia del asesino con la de la madre del muerto y provoca un tenso drama de culpa y expiación.

Amateur (Argentina, Néstor Frenkel): Documental sobre personaje bizarro (odontólogo cuyo hobby es filmar westerns en Super 8) retratado con humor y gran complicidad.

Balada triste de trompeta (España, Alex de la Iglesia): Un film que opta por el riesgo total y convierte al horror en la forma más idónea de construcción de un espectáculo.

De dioses y hombres (Francia, Xavier Beauvois): Un grupo de religiosos católicos asesinados en África del norte dispara un cuadro sensible de emociones silenciosas.

El gato desaparece (Argentina, Carlos Sorín): Historia mínima de una pareja, con suspenso y guiños cinéfilos. Ejercicio de estilo con memorable labor fotográfica

El ilusionista (Francia, Sylvain Chomet): La mejor animación del año, historia de un mago en decadencia y una niña que lo admira, en un sentido homenaje a Jacques Tati.

Enterrado (España, Rodrigo Cortés): Impactante mecanismo de relojería acerca de un hombre enterrado vivo por unos extremistas, tour de force del actor Ryan Reynolds.

Fish Tank (Gran Bretaña, Andrea Arnold): Drama sobre frustrada quinceañera, trasmite una evocadora sensación nostálgica en un entorno carente de esperanzas y emociones.

Habemus Papa (Italia/Francia, Nanni Moretti): Sátira mordaz acerca de un cardenal electo Sumo Pontífice que sufre un ataque de pánico y pone en jaque al Vaticano.

Lazos de sangre (USA, Debra Granik): Una joven pelea por salvar la modesta casa familiar del inminente desalojo, en drama rural tenso, de lacónico lenguaje audiovisual.

Los senderos de la vida (Corea del Sur, So-yong Kim): Dos niñas dejadas por la madre en casa de una tía alcohólica, en drama de abandono que robustece los lazos familiares.

Planeta de los simios: (R)evolución (USA, Rupert Wyatt): La sorpresa del año, con chimpancé convertido en nuevo Espartaco. Un drama tenso con acción impactante.

Rompecabezas (Argentina, Natalia Smirnoff): El mejor film latinoamericano del año, mezcla de comicidad y drama intimista en torno a un ama de casa que rehace su vida.

Un día en familia (Japón, Hirokazu Kore-eda): Tres generaciones se reúnen durante una jornada veraniega para recordar a sus muertos, con sensibilidad y humor solapado.

Yo maté a mi madre (Canadá, Xavier Dolan): Drama sobre adolescente homosexual y sus enfrentamientos generacionales, en ejemplo de envidiable precocidad artística.

BALANCE 2011: EL CINE URUGUAYO.

La temporada que finaliza mantuvo una presencia constante del cine uruguayo en la cartelera comercial y los festivales montevideanos más prestigiosos: el de Cinemateca en Turismo y el de la Crítica en octubre. En 2011 se estrenaron ocho films nacionales, manteniendo la cifra promedio de las últimas cuatro temporadas, lo cual no significa necesariamente una mejora cualitativa. En ese aspecto 2011 deja la sensación de ser un año de transición entre la temporada pasada (El cuarto de Leo, Mundialito, La vida útil) y varios films que verían la luz en 2012 (Selkirk, El casamiento).

Entre las ficciones del año, la mejor fue La casa muda de Gustavo Hernández, que con poco dinero, una cámara de fotos digital y muy buenas ideas creó al comienzo una atmósfera levemente inquietante, y luego arremetió con una andanada de golpes de efecto muy bien orquestados, dirigidos a la psicología del espectador. Hubo espléndida utilización de la fotografía, el sonido y el montaje, pero el hándicap fue la carencia de una historia nueva que contar: Hollywood hace esto todos los días (incluso en la remake ya estrenada en USA), aunque sus resultados sean generalmente más vistosos que creativos. El film sumó la revelatoria actuación de la joven Florencia Colucci (ganadora de dos premios de la Crítica) y pasará a la historia como el primero “de géneros” estrenado en el circuito comercial.

Por su parte, la coproducción con España Artigas: la Redota reveló el espléndido nivel formal de César Charlone (fotografía, ambientación y vestuario impecables), pero no supo disimular carencias dramáticas en el desarrollo psicológico de la personalidad del sicario protagonista. Jorge Esmoris como Artigas debió luchar con la más fea (dar profundidad dramática a un icono nunca es fácil), pero salió airoso de la prueba. Por último, el drama policial Reus de Pablo Fernández, Alejandro Pi y Eduardo Piñero retrató con cierta firmeza y sin anestesia la violencia ciudadana que nos azota a diario, pero esa cualidad de libreto no conectó muy bien con un montaje que buscó dinamismo en la fragmentación narrativa. Debido a ello, los autores no pudieron administrar adecuadamente la tensión de esa espiral ascendente de crímenes, y el resultado terminó operando sólo por acumulación.

El mejor documental fue 3 millones de Jaime y Yamandú Roos. La empresa era ambiciosa: 135 minutos para una multiplicidad de enfoques acerca del Mundial de Sudáfrica y la participación celeste en el mismo. El film interesa en casi todas sus áreas, especialmente en el inteligente manejo de la edición, porque los Roos lograron la hazaña de seleccionar, con visible perspicacia, la mejor toma de cada uno de los partidos jugados por la selección: para quienes no amamos demasiado al fútbol, eso es una bendición.

En las antípodas de esa alegría deportiva se ubicó Las manos en la tierra de Virginia Martínez, que narró la experiencia del grupo de arqueólogos de la Universidad de la República que ingresó por primera vez a un cuartel, para excavar en busca de los restos de detenidos-desaparecidos durante la dictadura militar. Concebido como un policial arqueológico, el film reconstruye el proceso de las excavaciones, elaborando un relato complejo y de final aún abierto. Los restantes documentales (El barrio de los judíos de Gonzalo Rodríguez Fábregas, El último carnaval de Federico Lemos, Manyas de Andrés Rubino y Andrés Benvenuto) tenían interés sociológico, pero sólo cumplieron a medias con las expectativas creadas en lo previo.

BALANCE 2011: GRANDES FRACASOS.

La palabra fracaso suele tomarse como sinónimo de “lo peor”, pero no son la misma cosa. Repasando los films de 2011 el espectador hallará horrendos ejemplares, que ni siquiera deberían mencionarse, comenzando por el 90% de las historias de violencia y terror, o las comedias presuntamente graciosas que nos invaden a diario. Lo peor del año podría hallarse entonces en títulos como Invasión del mundo batalla Los Ángeles, Rápidos y furiosos 5, No me quites a mi novio o Hermanitos del fin del mundo. La “neurona cero” ya se puede adivinar desde los títulos de esos engendros que por razones extra cinematográficas consiguen lugar en cartelera. Pero no son fracasos, porque nadie espera nada de ellos. Fracasar es chocar con resultados adversos y frustrantes en obras donde todo hacía suponer que el esfuerzo se daría la mano con el logro artístico. En ese terreno 2011 registró doce films altamente decepcionantes, que en orden alfabético son:

Biutiful (México): Alejandro González Iñárritu se cree el mejor cineasta del mundo, y una vez más es ganado por la ampulosidad y la autoindulgencia, que no contaminaban sus dos primeros films. Aquí sólo Javier Bardem se salvó.

Chloë (Canadá): Atom Egoyan tocó fondo con esta deslucida remake de una buena historia de celos y sexo retorcidos de Anne Fontaine. Bien actuado, el film pudo haber sido realizado por cualquier artesano al uso.

Copia certificada (Francia/Italia): Abbas Kiarostami plantea un tema apasionante (¿puede ser una copia mejor que su original?), pero sepulta las aristas filosas de esa propuesta en la retórica verbal, con algún ramalazo de talento para el encuadre.

Detrás de las paredes (USA): No habría que hablar de esta historieta de terror si no fuera porque la realizó Jim Sheridan, un irlandés que en los 90 tuvo muchas cosas para decir, pero en Hollywood las olvidó.

El hombre que podía recordar sus vidas pasadas (Tailandia): El último invento de los snobs se llama Apichatpong Weerasethakul y su film ganó en Cannes, lo que prueba que ni el mejor festival del mundo está a salvo de la pavada. Ni los tailandeses deben haber entendido esta Palma de Oro.

El turista (USA/Francia): Da lástima advertir que Florian Henckel Von Donnersmark es el responsable de esta fallida comedia policial hitchcockiana sin humor, donde ni siquiera hay química entre Johnny Depp y Angelina Jolie.

La piel que habito (España): Pedro Almodóvar es otro pretencioso que tocó fondo, en un film donde tampoco hay humor y el riesgo parece apenas un cálculo financiero.

Luz silenciosa (México): Carlos Reygadas, otro mimado de los festivales, sabe filmar pero lo matan sus ambiciones: para llegar a ser Dreyer le faltan varias vidas, aunque la fotogenia de su film sea de a ratos admirable.

Morir como un hombre (Portugal): Joao Pedro Rodrigues, enfant terrible de festivales, tiene buen ojo para retratar el universo homosexual, pero sumerge su vistazo en un ¿ritmo? narrativo que no provoca la meditación sino el tedio.

Sólo tres días (USA): Otro film que pasaría desapercibido si su autor no fuera Paul Haggis, buen cineasta y espléndido libretista para Clint Eastwood. Qué lástima.

Thor (USA): Muchos críticos no tienen idea de las relaciones entre literatura y cine, y discuten a Kenneth Branagh como adaptador de Shakespeare y Mary Shelley. Quizás lo prefieran en su actual y lamentable inmersión en el mundo del cómic. Yo no.

Un feriado particular (Italia): Una comedia italiana que no tiene puntos de contacto con el espíritu de las de los años 60. Anécdota mínima, resultado ídem, sin vuelo ni gracia. Sólo de entrecasa.