NIN FRÍAS, UNA TUMBA EN BUSCA DE SUS DEUDOS

José Assandri (Brecha)

Una tumba perdida.

En 1987, el vicepresidente uruguayo, Rodolfo Nin Novoa, respondía una carta recibida desde Argentina, provincia de Santa Fe, localidad de Suardi. Mareilí Sordello le había pedido información sobre el Dr. Alberto Nin Frías. Nin Novoa, entonces Intendente de Cerro Largo, le comunicaba que desconocía “la relación familiar que puede existir entre dicho escritor y mi persona.” Un año antes, Sordello había dirigido una nota al Consulado del Uruguay en Rosario. En respuesta le indicaban que se dirigiera a la Asociación General de Autores del Uruguay, a la Casa del Poeta Latinoamericano, o al Centro de Estudios Históricos Navales y Marítimos. Ese mismo año, AGADU le respondió que no poseía información, que debía comunicarse con el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Mareilí Sordello, escritora, habita en Suardi, un poblado de unos siete mil quinientos habitantes al sur de la provincia de Santa Fe, próximo al lago salado La Mar Chiquita. Suardi, fundada en 1909, aloja en su cementerio los restos mortales de Alberto Nin Frías. Durante cuarenta años Felipe Mandolini, pintor, cada día de difuntos, pintó a la cal el túmulo. En 1977, cumplidos los cuarenta años de la muerte de Nin Frías, la Comuna local dirigida por Líder Soldano, levantó una tumba con una placa y un retrato del escritor. En la placa puede leerse: “Alberto Nin Frías, hombre de letras, profesor y diplomático, Montevideo 9-10-1882-Suardi 27-3-1937” Debajo de esta inscripción, una frase de Nin Frías da el tono de lo que fue su existencia y su escritura: “Cautivar por la dulzura. Crecer siempre en la verdad y en lo bello. Atraer por el noble ejemplo, el esplendor de pensar, la pureza de una fe y el imán de la bondad.” El pasado 27 de marzo (de 2007) se cumplieron setenta años del fallecimiento de Alberto Nin Frías. No hubo homenajes. Sin embargo, el 16 de junio, con motivo del día del escritor en Argentina, se cumplieron sendos actos en el cementerio y en la biblioteca de Suardi. Es que en esa pequeña localidad es conocido como “el escritor”. Declarada la jornada de interés provincial, el cuerpo legislativo estuvo representado por un diputado nacional y un senador de provincia. Se pronunciaron varios discursos, e incluso, se representó teatralmente una visita de Alberto Nin Frías a Julio Herrera y Reissig, en la Torre de los Panoramas. Una nueva placa fue descubierta en el cementerio: ALBERTO NIN FRIAS Montevideo: 9-10-1882, Suardi: 27-3-1937. “LO UNICO QUE NO EXISTE ES EL OLVIDO” Homenaje del pueblo y la Comuna de Suardi. 2007.

A más de uno se le ocurrirá la idea de que el pueblo de Suardi, encontró en la tumba de Alberto Nin Frías un bloque útil para la construcción de su joven historia. Un escritor de las primeras décadas del siglo XX fue a morir a ese pequeño pueblo de provincia. Allí habló de sus avatares, de sus viajes, de sus corresponsales, de sus libros, y entre los misterios de su vida y los libros publicados, sin deudos que reclamaran sus restos, fácil es imaginar un personaje y construir un ídolo para un exiguo panteón. Pero esta conjetura simplemente muestra que hay diferentes formas de conocer a alguien. También de desconocerlo. Y seguramente con el Dr. Alberto Nin Frías esas formas han variado con el curso del tiempo. ¿Cuánto de las luchas internas del partido colorado a fines del siglo XIX y comienzos del XX tuvieron que ver con su alejamiento del Uruguay y su posterior nacionalización como argentino? Y aún como argentino, luego de haber vivido en distintas ciudades del mundo como Londres, Berna, Washington, Río de Janeiro, Santiago de Chile, Buenos Aires, ¿cómo es que fue a terminar sus días en un pueblo de provincia, pobre, bajo la protección de Pedro Badanelli, un cura de origen español con una historia teñida de rencillas y acusaciones morales? ¿Por qué no hubo familiares que reclamaran sus restos? ¿Por qué fue tan difícil para los habitantes de Suardi encontrar alguien que respondiera en Uruguay sobre la vida y la obra de Nin Frías?

Montevideo-Buenos Aires.

Evidentemente es distinto tejer la historia de alguien partiendo del problema que generan sus restos mortales, que incluirlo en su tiempo histórico. Mientras en Suardi seguían sin tener respuestas, en estas tierras, durante los últimos años, surgió el interés por su obra y su existencia. En 1998, en Historias de la vida privada en el Uruguay, Hugo Achugar hace una referencia al libro Homosexualismo creador de Alberto Nin Frías. En el 2001, José Pedro Barrán estudia su narrativa homoerótica en Amor y transgresión. Carla Giaudrone, en su libro La degeneración del 900, publicado en 2005, aborda los sesgos helénicos de su obra literaria en relación con la de José Enrique Rodó. Incluso en obras de ficción como la de Fernando Loustaunau (2006) sobre José Enrique Rodó, Diario de un demócrata moribundo, Nin Frías aparece como un interlocutor privilegiado. Mientras que en Montevideo su nombre aparece relacionado al helenismo y al erotismo, fundamentalmente al homoerotismo, curiosamente en Argentina, donde escribió sus libros en defensa de la homosexualidad, es ignorado. Dos obras recientes que tratan la homosexualidad como la de Osvaldo Bazán, Historia de la homosexualidad en la Argentina. De la conquista de América al siglo XXI y la de Adrián Melo, El amor de los muchachos. Homosexualidad & Literatura, ni siquiera le dedican una línea. Sin embargo, en un texto bastante anterior de J. Sebreli, publicado en Escritos sobre ciudades, escritos bajo ciudades, aparece un párrafo sobre Nin Frías. ¿Cómo medir los efectos que tuvieron sus libros en defensa de la “homosexualidad” en Buenos Aires? Tal vez su muerte en un pequeño pueblo de provincia haya sido una de las consecuencias.

¿Cómo alguien enterrado y oculto durante años resucita casi mágicamente para el interés de variadas disciplinas? Es posible que en ese renacimiento se revele cómo el pasado y la historia muchas veces se construyen de acuerdo a intereses y necesidades del presente. Una muestra de ello es que este Nin Frías resucitado no deja de plantear enigmas. En todas las recopilaciones literarias, diccionarios de autores, incluso, en las fichas de la Biblioteca Nacional en Uruguay y en la de Buenos Aires, figura el día 9 de noviembre de 1882 como la fecha de su nacimiento. Incluso así figura en la placa mortuoria en Suardi. Aunque en el certificado de defunción se lee, negro sobre blanco, que murió el 27 de marzo de 1937, con 57 años. El simple ejercicio de las matemáticas revela un imposible. De hecho, en el libro 42 de Bautismos de la Catedral de Montevideo, folio 535, se encuentra registrada la partida de nacimiento de Alberto Teodoro Antonino Augusto Nin, nacido el 9 de noviembre de 1878. Es probable que fuera la Reseña de la obra cultural de Alberto Nin Frías, publicada en 1935, la que generó el equívoco. Pero en un folleto titulado Alberto Nin Frías el hombre el literato el sabio, publicado hacia 1936, en Balnearia, Córdoba, aparece escrito que nació en 1878, “en el piso alto de la Librería Barreiro y Ramos, la más importante del Uruguay, y ello explica su afición desmedida al libro.” Estos dos escritos que hacen una recensión de su vida y su obra fueron publicados sin nombre de autor, e incluso podrían haber sido de la propia autoría de Nin Frías. Pero, sobre todo, debería despertar la curiosidad el hecho de que ni siquiera su año de nacimiento haya quedado establecido de manera correcta.

El juego del azar.

En 1912, Nin Frías publica la novela Sordello Andrea (Novela de la Vida Interior), escrita en Río de Janeiro. Nin Frías utiliza este nombre, Sordello, para construir una novela autobiográfica, donde relata sus años de infancia en Montevideo y su adolescencia en Londres. Para Nin Frías, Sordello era un poeta contemporáneo de Dante, que en la Divina Comedia aparece en las afueras de los siete círculos del Purgatorio. Y también encabezaba un poema de Browning. Sordello da Goito fue un trovador y cortesano, anterior a Dante. Y Dante incluye a este poeta en su obra, no sólo por que fue paisano de Virgilio, sino porque también había escrito una composición en la que repasaba los grandes de su época echándoles en cara sus faltas. Y también como Dante, fue un exiliado. Que Nin Frías escogiera este nombre no es algo ingenuo, porque su vida estuvo marcada por los exilios. En 1886 su padre fue nombrado Embajador en Inglaterra, por lo que desde entonces, con ocho años, vivió en Inglaterra, luego en Bélgica y Suiza. Hacia 1898 regresa a Montevideo. Y aunque su vida pareció asentarse en su ciudad natal como profesor, bibliotecario, periodista, aunque participaba de la vida cultural, estrechamente vinculado a personalidades como Julio Herrera y Reissig, Maria Eugenia Vaz Ferreira y Carlos Vaz Ferreira, José Enrique Rodó, los hermanos Rossi, y tantos otros, bajo las vestiduras del servicio diplomático, partió en otra suerte de exilio. Y las razones de ese nuevo exilio aún son oscuras. Podrían ir desde los motivos políticos, hasta algún affaire amoroso. Pero en definitiva, el resultado fue que Nin Frías se transformó en un exiliado, como Dante, como Sordello, incluso, como el cura Badanelli, llamado “la sotana de Perón”.

Pero ¿quién podía suponer que una familia de apellido Sordello se instalara en la misma localidad donde más tarde murió Nin Frías? Para Mareilí Sordello el título de la novela autobiográfica de Nin Frías debió haber sido un poco más que sugestivo. El hecho de que durante años persistiera en su interés por “el escritor” lo muestra. Es que a esa falta de estudios sobre su vida y su obra, a medias conjurada por los estudios de los últimos años, han sido los juegos del azar los que han alimentado los posibles encuentros con Nin Frías.

A fines del 2006, quien esto escribe, curioseando en las cajas de archivo de la Sala Uruguay de la Biblioteca Nacional, encontró un folleto sobre Nin Frías. Sin ficha en el fichero de la Biblioteca, el único medio para encontrarlo debía ser el azar. Este pequeño folleto de 16 páginas, publicado por una editorial de nombre Pebeta, de Balnearia, fue el que dio la pista para encontrar una tumba que estuvo “perdida” durante años. Para eso fue necesario dirigirse a Balnearia, donde los buenos oficios de Graciela y Bety Leguizamón desempolvaron una serie de artículos, los últimos de Nin Frías, nos condujeron a Suardi, y al contacto con la escritora Sordello. En el folleto editado en Balnearia pueden leerse algunos datos novedosos sobre la vida de Alberto Nin Frías: “La parte inédita de la vasta obra de Nin Frías, que con genial intuición ha escrutado todas las inquietudes del siglo, es más voluminosa aún que la ya publicada. Sus dietarios íntimos que abarcan años mozos y juveniles de su vida, muy opulentos en vida interior, son documentos valiosísimos para el psicoanálisis y también como memorias históricas de los años que corren del 1887 al 1936.” Este párrafo sería lo suficientemente prometedor como para lanzarse a la quimérica búsqueda de un diario perdido. Pero sin la fijeza que dio la muerte a sus restos mortales para conservarlos en un pequeño cementerio de provincia, es muy probable que esas páginas del diario hayan sido lavadas por el tiempo. Salvo que por azar, a alguien le sea dado otro encuentro.

La trasmisión.

¿Qué hizo que nadie se ocupara de los restos de Nin Frías? Ni su familia, ni los escritores, ni el estado, ni las juventudes protestantes en las que militó con insistencia a comienzos del siglo XX, ninguno de ellos consideraron necesario señalar dónde había muerto, ni cómo había muerto Nin Frías, ni se ocuparon de recoger sus últimas pertenencias, entre las que habría estado su voluminoso diario. En 1981 se reeditó en Buenos Aires el Ensayo sobre tres expresiones del espíritu andaluz, libro publicado por Nin Frías en 1935. En la contratapa puede leerse en un Toque de atención de los editores: “Un Grupo de viejos y nuevos admiradores del insigne escritor uruguayo Alberto Nin Frías ha puesto en dinámica el feliz proyecto de llevar a cabo la repatriación de sus restos desde la Argentina, donde falleciera hace casi medio siglo, hasta su tierra natal la República Oriental del Uruguay.” El proyecto de la Editorial Darío no tuvo demasiadas consecuencias. Es que posiblemente ninguno de sus antiguos lazos orientales consideró que el recorrido de Nin Frías pudiera trasmitirle algo a alguien. Era hijo de Alberto Nin, abogado que fundó la cátedra de Derecho Penal en Montevideo, miembro del Supremo Tribunal de Justicia, diplomático en Europa, político, aspirante a candidato presidencial, luego Gentleman Farmer en Tacuarembó. Alberto Nin, en cada uno de sus destinos, tuvo sendos altercados reivindicativos que le valieron el calificativo de “hombre de un carácter un poco extraño”. Su madre Matilde Frías, de origen argentina, falleció en un “sanatorio de enfermedades nerviosas”, afectada desde largo tiempo atrás por la muerte de un hijo pequeño y el suicidio de otro. Posiblemente sólo las hermanas de Alberto Nin Frías le hayan sobrevivido. Pero si ellas o sus descendientes no encontraron nada que heredar, es que los estragos provocados por la locura y la muerte lo hicieron imposible.

La obra literaria y ensayística de Nin Frías se ocupó de la religión, de la Magna Grecia, del árbol, de la literatura inglesa, de las costumbres, del erotismo. Pero todo eso permaneció olvidado hasta que en los años 90, dos de sus textos sobre la homosexualidad hicieron surgir interesados en su obra. En el folleto editado en Balnearia puede leerse: “En 1932 entra en una senda de estudios nuevos para su númen: el estudio del homosexualismo en la humanidad. Aparecerá en Alberto Nin Frías el sabio puro. El tan debatido ‘Alexis o el significado del temperamento urano’ (del cual se han vendido 15 mil ejemplares y que entrará pronto en su 4ª Edición) hizo su aparición en el medio hispanoparlante. Era el primer autor de este idioma que sin temor a la Santa Inquisición y la hipocresía ambiente, abocaba sus investigaciones hacia un problema de parecido orden, para el vulgo, que las enfermedades secretas.” Quince mil ejemplares, una cuarta edición, estas cifras parecen decir de un éxito editorial poco común. Y es cierto que aún hoy es posible encontrar en librerías de viejo algún ejemplar, pero, ¿cómo semejante volumen de edición quedó sepultado por el olvido? ¿Acaso esas cifras constituían un artificio propagandístico? Aún con esas incógnitas, esa parte de su obra es la que ha generado más interés. Sobre todo porque permite explorar algunos aspectos del erotismo en el Río de la Plata, durante las primeras décadas del siglo XX. Son precisamente sus elaboraciones sobre el erotismo, su testimonio sobre una época, lo que años después de su muerte, puede transformar a algunos, en sus deudos.

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Bibliografía de Alberto Nin Frías

Ensayos de Crítica e Historia (dos tomos, 1904, 1906)
El Cristianismo del punto de mira intelectual (1908)
Estudios religiosos (1909)
Carta a un amigo escéptico (1910)
El Árbol (1910)
La Fuente Envenenada (novela, 1911)
La novela del renacimiento y otros relatos (1911)
Sordello Andrea (Novela de la Vida Interior) (novela, 1912)
Marcos, amador de la belleza (novela, 1913)
Como me allegué a Cristo (1917)
Un huerto de Manzanos (relatos, 1919)
El carácter inglés y la novela (1924)
Alexis o el significado del temperamento urano (1932), reeditado y ampliado hacia 1935 bajo el título de Alexis o el significado del temperamento homosexual
Homosexualismo creador (1933)
El Culto al Árbol (1933)
Tres expresiones del espíritu andaluz (1935)